Yo era muy pequeña
entonces, para recordarme en
detalle el viejo vecindario, así
que pedí
a mi hermano mayor Barney quien
tiene 74 años,
para ayudarme en llenar algunos
de esos detalles. Empezaremos
con el edificio nuestro, que
estaba localizada en el número
1791 de la avenida Lexington
entre la calle 111 y la 112 en
Harlem, conocido por todos como
El Barrio. Yo nací
y me crié
allí.
Era un edificio de 5 pisos y en
cada piso, había
cuatro apartamentos al estilo
ferroviario. El
apartamento nuestro se
encontraba en la parte atrás
del edificio donde daba vista al
corralón.
La única
escena que se veía
diariamente eran las escaleras
del escape de fuego de los otros
edificios, el corralón
y las lineas de tender ropas que
se colgaban de un lado a otro.
Había
un señor
irlandés
que venía
a cantar a menudo en el corralón
y los vecinos de sus ventanas le
tiraban monedas. El tenía
una voz agradable.
El
apartamento donde yo vivía
tenía
2 dormitorios,bastante pequeña
para nueve personas, mis padres,
siete hijos y un perro alemán
que se llamaba Brownie. Mi padre
le llevaba 25 años
más
que mi madre. El vecindario
donde vivíamos
era de la mayor parte lleno de
italianos y puertoriqueños.
El edificio nuestro era seguro
siempre teníamos
la puerta abierta hacia el vestíbulo,
para que entrare el aire fresco
cuando hacía
calor. Sin embargo afuera en la
calle, el vecindario siempre
estaba envuelto en un alboroto
de peleas entre los italianos y
los puertoriqueños
sobre sus territorios. Cada
bloque tenía
su nombre propio. El bloque
donde vivíamos
se llamaba Red Wing.
Durante
1943-1947, Harlem estaba en un
motín.
Había
guerra entre las pandillas de
los negros y los blancos. Los
puertoriqueños
se juntaban con los negros
contra los italianos. Un día
el alcalde de la ciudad de Nueva
York quién
se llamaba La Guardia, visitó
a la escuela superior de
Benjamin Franklin, donde mi
hermano Barney estaba asistiendo.
Esta escuela se localizaba en la
Avenida Pleasant entre la calle
115 y la 116, y el alcalde trajo
con el a Frank Sinatra, Josh
White y Paul Robeson para traer
harmonía al vecindario.
Algunos de los vecinos quienes
vivían
en el número
1791 de la avenida Lexington,
eran agradable mientras otros
eran interesantes. Había
una familia italiana quienes vivían
en el apartamento al cruzar de
nosotros del apellido Giovanello.
El aroma de la comida italiana
que venía
de su apartamento era tan rico,
creo que todos nosotros teníamos
la cabeza fuera de la puerta,
esperando y deseando que ella
nos diera un bocadito. La señora
Giovanello era una persona de
buen corazón,
ella siempre ayudaba a mi
familia en cualquier emergencia.
Ellos tenían
dos hijos, quienes se llamaban
Maria y Otto. El señor
Giovanello era un vendedor de
hielo del vecindario. En
aquellos días
no se usaba el refrigerador. El
hielo era para conservar la
comida en el verano y la
primavera. Cuando venía
el invierno, se guardaba la
comida a fuera en la repisa de
la ventana. Parece que el señor
Giovanello era un hombre fuerte,
para poder cargar el hielo en
sus hombros, caminar tres
bloques y luego subir al tercer
piso. El era un hombre muy
agradable.
También
en el otro piso, encima del
nuestro, vivía
la familia Fitzgerald. La pareja
Fitzgerald tenían
dos hijos, uno que se hizo Cura
y el otro sufrió
una crisis nerviosa, en la
guerra segunda mundial.
Éste
era un joven guapo. A cada rato
se oían
los gritos que venían
de su apartamento, como si el
estuviera en ese momento en la
guerra. Como yo era tan pequeña,
me puse muy nerviosa. La pobre
señora
Fitzgerald sufrió
mucho. Junto al apartamento de
los Fitzgeralds vivía
una pareja quienes a cada rato
estaban envueltos en la
violencia doméstica.
La señora
era una italiana quién
se casó
con un hispano durante la guerra
segunda mundial. El esposo era
un
alcólico
y siempre estaba de mal genio.
Éste
señor
le daba con frequencia a su
mujer. Se podian oir los gritos
de ella por todo el edificio.
En el piso bajo de nuestro
edificio, vivía
una señora
italiana con el nombre Maria
Calabra. Ella era la entrometida
y la instigadora del edificio.
Cada vez que yo bajaba por las
escaleras que estaban cerca de
su apartamento, ella abría
la puerta y me miraba en tal
forma que me asustaba. Tambien
vivía
en el piso debajo del nuestro,
una señora
irlandesa a quién
yo quería
mucho. La señora
McDonald tenía
noventa años
y vivía
sola. Cada vez que me oía
subiendo las escaleras ella abría
la puerta y me llamaba. "Marian
quieres una taza de te con un
pedazo de dulce?" Ahora dime tu
que niña
va a rehusar un dulce,..por
supuesto que sí.
Que triste me sentí
cuando la señora
McDonald se cayó
y se rompió
la cadera y sus hijos la tenian
que ingresar en un asilo de
ancianos. Ella era mi amiga. Me
decía
cuentos y escuchábamos
el radio.
Mi mamá
no me permitía
salir a la calle a jugar, a
menos que mi hermana o mis
hermanos me vijilaban. Como
nuestro apartamento no daba
frente a la calle, mi mamá
no podía
echar el ojo para ver donde yo
estaba. Mamá
siempre me advertía
de no hablar con gente estraña.
Mis hermanos siempren estaban en
la calle jugando en ese tiempo
la pelota de palo con los
muchachos del vecindario. Los
amigos de mi hermano Arnold, se
llamaban Nelson y Frankie, ellos
eran puertoriquenos; Dino y
Antonio, ellos eran Iialianos y
Fludy Singleton, quién
era un negro, y algunos otros a
los cuales no me recuerdo. La
familia Singleton vivía
en la esquina de la calle 111 y
avenida Lexington. Los amigos de
mi hermano no eran una pandilla,
ellos nada mas se juntaban para
divertirse.
¡Hay! por poco se me
olvida. El señor
Morris quién
era uno de los vecinos del piso
bajo era un mecanico de carros y
también
era el vendedor local de bolitas.
Siempre se veía
mucho tráfico
llendo para el apartamento de
él
para apostar. Creo que mi papa,
iba con frequencia para
jugar la bolita.
El baño
de nuestro apartamento era muy
pequeño,
solo cabía
la bañera
y el inodoro. La caja de agua
con cadena estaba arriba del
inodoro. La cocina también
era muy pequeña.
De lo que me recuerdo no cabía
ni una pequeña
mesa. Las únicas
cosas que formaban parte de la
cocina, era una refrigeradora de
hielo, una estufa al estilo
antiguo que tenía
el orno al lado, y un fregadero
de doble uso. El lado que era
mas profundo era para lavar ropa
y dar baños
a la pequeñita
como yo. Mamá
siempre estaba doblada sobre el
fregadero o la bañera,
lavando ropa. Cuando el tiempo
estaba bueno ella colgaba la
ropa en la linea de afuera.
Muchas veces, la linea de ropa
estaba tan pesada, que se partía
y todas las ropas se ensusiaban
con la tierra de abajo. Mamá
se ponía
de mal humor, porque tenía
que volver a lavar las ropas.
Mamá
no tenía
un temperamento agradable,
siempre estaba tan chiflada, or
quejándose.
Imaginate, nueve personas
viviendo juntos en un
apartamento tan pequeño,
cualquiera estuviera de mal
humor. Creo que Mamá,
le gustaba cuando mis hermanos
iban para la calle a jugar.
Cuando era el invierno o llovía,
las cosas se ponían
peor, porque la ropa se tendía
en la cocina, y cuando uno
entraba al apartamento, tenía
que pasar por debajo la linea de
ropa, que estaba en frente de la
puerta.
Como
éramos
tantos, para sentarnos en la
mesa, Papá
tenía
que poner unas tablas de madera
entre las sillas. Nadie podía
hablar en la mesa, eso era una
regla. Si alguien hablaba, Papá
daba una mirada y sabíamos
lo que eso significaba. Nosotros
teníamos
un ritual por todas las mañanas,
una cuchara de aceite de bacalao
con una raja de narranja.
¡Huy!
qué
horrible era el sabor. Ninguno
de nosotros, se enfermaba,
solamente mi hermano Micheal que
siempre estaba con catarro. Teníamos
las caras de gordiflones y las
mejillas rosada. Cuando la gente
nos veíamos
siempre le gustaban pellizcar
nuestras mejillas, quizás
porque teníamos
una aparencia saludable.
Durante la guerra mundial
segunda, teníamos
que cubrir las ventanas con una
frisa, para que la luz de
adentro no se reflejaba afuera.
Mi hermano Barney era un joven
menor guardian de bombardeo aéreo.
En el verano cuando hacía
tanto calor y no podíamos dormir,
mis hermanos arrastraban el
corchón para la escalera de
escape de fuego, para respirar
el aire fresco de la noche. En
esa epoca no teníamos avanicos.
En el invierno, el radiador de
vapor calentaba los apartamentos.
Muchas veces el dueño del
edificio, no compraba el carbon
a tiempo, o era un tacaño para
dar calor. Los inquilinos daban
contra los radiadores,
demandando el calor. Aun hoy dia,
parece que nada ha cambiado, la
historia se repite.Durante los
años cuarentas, el edificio
siempre se encontraba limpio y
bien mantenido. Imaginate hasta
teníamos un elevador para
colocar la basura. Sin embargo,
en los años cincuenta, el
edificio empezó a deteriorarse.
El elevador de basura no
funcionaba. Algunos de los
inquilinos, por no bajar las
escaleras y poner la basura en
los basureros, lo tiraban por
las ventanas al corralón.
Entonces empezamos a tener
problemas serios con las ratas.
Las ratas subían por el elevador
de basura y hacían agujeros en
la pared para
entrar al apartamento buscando
comida. Las cucarachas estaban
donde quiera. Uno vivía en un
estado de temor. Siempre se oía
en el corralón a los gatos
aullando o peleando el uno con
el otro, cuando no estaban
cazando a las ratas. Ya el
hombre irlandés no venía por el
corralón a cantar, quizás el
murió, o tenía miedo de venir,
por la presencia de la basura y
las ratas. No tengo idea de
cuanto mi papa estaba pagando de
renta en los años cuarenta, pero
sé que cuando mamá se mudó en el
año 1962, ella estaba pagando
$30.00 al mes.
El sito más
favorito de nosotros en el
verano, era la azotea del
edificio. En esa epoca, era muy
seguro. Todo nosotros
íbamos
a la azotea para cojer el sol y
llevábamos
comida al estilo merienda en el
campo. Muchas veces algunos
vecinos nos acompañaban
y pasamos buenos ratos juntos.
Se podía
de la azotea mirar a todos los
apartamentos que estaban
alrededor del edificio nuestro.
También
cuando hacía
mucho calor en el verano todo el
vecindario iban para la calle y
ponían
la boca de riego de fuego, para
refrescar sus cuerpos. Que mucho
nos gozábamos.
Otro sitio a donde
íbamos
en el verano para refrescarnos
era la piscina del parque
Jefferson que se encontraba en
la primera avenida.
Ésta
piscina era para el uso de las
personas que vivían
en el vecindario y lo bueno era
que era de entrada gratis. Otro
evento del verano que
esperabamos con ansiedad era la
fiesta italiana de Mt. Carmel que
también
se celebraba en la primera
avenida.
En la calle 111 entre la primera
y segunda avenida había
un club de muchachos. Mi hermano
Micheal iba mucho allí.
Le gustaba boxear. Aveces ibamos
para la pizzería
que estaba en la tercera avenida
entre la calle 110 y la 111.
Joey Rao era el gangster del
vecindario que estaba alrededor
de la escuela superior de
Benjamin Franklin. El funeral
Faranga se encontraba en la
calle 116 entre la segunda y
tercera avenida. El congresista
Vito Marc Antonio también
era conocido en la zona de la
calle 116.
Yo asistía
a la escuela elementaria de P.S.
57 que estaba en la calle 115
entre Lexington y tercera
avenida. Un día
decidí
de no asistir a las clases de la
escuela y quedarme jugando en la
nieve después
de una nevada grande. Yo no sé
como mamá
lo supo, pero de pronto sentí
un alón
de pelo y luego me dió
azote en las nalgas. Eso fue la
última
vez que yo intenté
de no ir a la escuela. También
asistí
a la escuela superior menor de
P.S. 101 que estaba localizada
en la calle 111 entre las
avenidas Lexington y Park.
El estación
de policia de nuestra
área
era el distrito No. 23 que
estaba en la calle 104 entre
Lexington y la tercera avenida.
En la calle 108 entre las
avenidas Lexington y Park existía
un club de hispanos, esto era un
centro de jovenes que pertenecía
a la iglesia católica,
St. Ann's que se encontraba en
la calle 110 entre la segunda y
tercera avenida..Mamá,
nos hacía
a menudo la sopa de pollo. Ella
compraba los pollos del vivero
que estaba en la calle 112 entre
las avenidas Park y Lexington.
Ellos mataban a los pollos y los
pavos alíi.
No era muy lejos de la marqueta
que tenía
de largo las calles 112 hasta la
116 en la avenida Park. El tren
elevado estaba encima de la
marqueta. Habían
muchos vendedores judíios
en la marqueta. Mamá
siempre hacía
sus compras allí.
Todo era muy barato, y el
billete duraba más.
La comida siempre estaba fresca.
Hasta mama compró
mi vestido de azul obscuro para
la funeraria de papa. Mis
hermanos y yo ibamos a menudo a
la biblioteca que se encontraba
en la calle 110 entre las
avenidas Lexington y la tercera.
Los muchachos assistieron al
P.S. 83 que no se encontraba muy
lejos de la casa.
Después
de la guerra segunda mundial
empezaron a edificar a los
proyectos cerca de la casa. Los
proyectos estaban entre las
calles 112 hasta la 115, entre
la avenida Lexington y la
tercera. Ya la aparencia del
vecindario no lucía
como antes con tantas
agrupaciones de edificios altos.
Ahora habían
más
niños
de la cuenta por todo el
vecindario. En la avenida
Lexington entre las calles 102 y
103 había
una loma grande y fué
conocida como la loma más
espinada en la avenida Lexington
durante los años
1939-1950. En el invierno mis
hermanos iban de paseo en trineo
en esa loma.
Mi papá
trabajaba en la mueblería
Finkenburgs como un pulidor de
muebles. La mueblería
se encontraba en la calle 123 y
la avenida tercera. Los trenes
elevado de la tercera avenida
hacían
un ruido sordo cuando pasaban,
que el edificio estremecía.
Papá
llegaba a la casa, tan cansado
de su trabajo. El sabado y el
domingo eran días
muy bueno para nosotros. Cuando
Papá
cobraba su pago, los sabados, el
iba a la tienda de vender dulce
que estaba en la esquina de la
calle 110 y avenida Lexington,
en frente de la salida del tren
subterraneo. El edificio nuestro
estaba como una cuadra y media
de distancia de la tienda. Todos
teníamos
que hacer fila, comenzando con
el mayor hasta el menor y para
que Papá
nos diera el helado teníamos
que besar sus labios.
¡Huy!
esto no era muy bueno para
nosotros, porque papá
fumaba el cigaro, que dejaba un
mal gusto en sus labios. Pero
como queríamos
ese helado tan rico, teníamos
que hacerlo.
Los domingos eran para hacer
visita y aveces
íbamos
para la casa de mi tía
Maria Louisa, quien vivía
en la calle 102 y la avenida
Columbus. La casa de mi madrina
estaba en Far Rockaway y la de
mi tío
Francisco en el Bronx. También
ibamos los domingos en el verano
a City island, a cavar almejas,
a la playa de Orchard Beach que
se encontraba en Pelham Bay y
muchas veces al parque Central.
La mayor parte del tiempo ibamos
a la casa de mi tía
Maria Louisa (la hermana de mi
mamá),
le decíamos
"Ti Ti". Ellos tenian un
apartamento de cuatro
dormitorios, uno para ellos y
los otros para los cinco hijos.
Mi tío
Pepe tenía
un camion de mudanza y una
tienda. El apartamento de mi tía
parecía
mucho más
grande que los apartamentos de
nuestro edificio. Quizás
los apartamentos del oeste se
hicieron diferente a los del
este. Asi que cuando Papá
visitaba a mi tía,
había
un total de 16 personas entre
las dos familias, nueve de mi
familia y siete de mis tios
gozando y pasando un buen rato.
Mi tía
siempre estaba cocinando comidas
tan sabrosas y en abundancia.
Desde que uno entraba al
edificio, los pasillos se
llenaban del olor de los
pasteles, arroz con gandules y
perniz asado. Ella sabía
que nosotros aparecíamos
así
de pronto, porque en esos dias
no teníamos
telefono. Todas las noches
buenas y despedidas del año
lo pasamos en la casa de mi tía
Maria Luisa. También
mis tios Francisco y Angelica
venían
acompañdos
por sus dos hijas Elsa y Angie.
Siempre pasamos un buen rato con
los primos.
Era muy impressionante de ver a
mi papá,
un hombre alto y erecto,
sintiendose orgulloso de caminar
con sus siete hijos desde la
avenida Lexington, atravezando
el parque central hasta la calle
102 y la avenida Columbus. Luego
después
de pasar el día
en la casa de mi tía
Maria Luisa, para regresar,
montamos el autobus en la calle
116 que cruzaba del oeste al
este. Mi papá
era muy patriótico
y cada vez que se tocaba la música
del himno nacional en el radio,
papá
nos mandaba a ponernos de pie y
jurar a la bandera.
Mi papá
siempre estaba invitando a los
amigos del barrio para que
vinieran a la casa. Esto le
molestaba mucho a mi mamá,
quizás
porque era más
trabajo para ella hacer, o por
los gastos que iban a occurrir.
Así
era mi papá.
Después
que papá
murió,
todos desaparecieron, no se vió
ni un pelo ni sombra de ellos
por la casa. Yo creo que ellos
tenían
miedo de que mi mamá
le pidiera ayuda financiera, o
que tuviera la carga sobre ellos
de cuidar una viuda con siete
hijos. En los años
cuarenta, a pesar de los
conflictos en la calle, la gente
del barrio eran muy sociables.
Todos sabian quienes pertenecian
o no en el vecindario. En un
sentido hacían
el papel de vigilantes. Juan, el
irlandés
era el patrullero del vecindario.
En aquellos dias, la policia
caminaba por las calles. El
siempre tenía
en los bolsillos una cantidad de
papeles de entrada grátis
al cine, para los niños
del barrio quienes eran pobre.
La única
vez que íbamos
al cine, era cuando Papá
quería
estar asolas con mamá.
El nombre del lugar del Cine se
llamaba "Cosmo" y se encontraba
en la calle 116 entre Lexington
y la avenida tercera.
Junto al edificio nuestro, en la
esquina de la calle 111 y
la avenida Lexington, se
encontraba una iglesia metodista
y el nombre del ministro de
aquella iglesia se llamaba El
Reverendo Wilson. Este ministro
era un ser humano digno de
compasión
que le importaba los problemas
sociables del barrio. Mi hermano
Arnold quién
era un rebelde por naturaleza,
siempre desafiaba a mi papá.
Un día
la policia trajo a Arnold a la
casa, porque habia cometido
vandalismo en la iglesia. Yo no
se si Arnold aprendió
de papá
una lección
aquél
dia. El Reverendo Wilson y
miembros de su iglesia eran
bondadosos con mi mamá,
cuando papá
murió
en 1949. La iglesia nos regaló
una buena cantidad de comida y
pagaron por dos semanas de
vacaciones en la playa de Port
Monmouth, New Jersey para que
mis hermanos Arnold, Micheal y
Daniel se devirtieran allí.
El Reverendo Wilson tambien
mandaba a otros ninos del barrio
al mismo lugar.
Para el desayuno, todos los
domingos comíamos
de la panadería
alemán,
unos panes riquísimos.
Esta panadería
se encontraba en la avenida
tercera entre las calles 115 y
116. También
había
otra panadería
en el barrio, que se llamaba
"Cushman" que estaba en la
avenida Lexington y en la
esquina de la calle 115. Papá
siempre compraba el periódico
del puesto de periódico
que estaba debajo el tren
elevado de la tercera avenida y
la calle 111.
Todos los días
por la manana se podía
ver en la avenida Lexington, una
carreta de caballo que recojía
la ropa del vecindario para
lavar. Mi hermano Barney se
ganaba cincuenta centavos al día
, trabajando desde la siete de
la mañana
hasta la siete de la noche,
después de
la depresión. En la
esquina de la calle 112 y la
avenida Lexington había
una tienda italiana en que se
vendía
manjares exquisitos. María
y su familia eran los dueños
de aquella tienda. El pan
italiano era tan fresco y el
sandwich que María
hacía
era tan repleto que se podía
dar de comer a la familia entera.
Todos los vecinos del vecindario
amaba a la senora María.
De vez en cuando, mamá
mandaba a uno de mis hermanos a
comprar un sandwich. Cerca de la
tienda de la Senora María,
se encontraba el negocio de
Santos el peletero y al lado de
éste
había
una carnicería.
Mi papá
asistía
a la sinagoga que se encontraba
en aquel tiempo a la vuelta de
nuestro edificio en el numero
162 de la calle 112, entre la
avenida Lexington y tercera.
Nosotros asistíamos
a la Iglesia Catolica "Our Lady
Queen of Angels" que estaba en
la calle 113 entre las avenidas
segunda y tercera.
Papá
compraba ropa para mis hermanos
en la tienda "Howard's Clothier
que estaba en la calle 125 entre
la avenida Lexington y tercera.
Cuando un hermano crecía
más
en tamaño,
entonces se pasaba la ropa de
él al
próximo
para continuar sacando el uso.
Mis hermanos mayores, eran de
estatura alta y mi mamá
con tanto que hacer no se
molestaba en hacer el dobladillo
al pantalón.
Mis hermanos tenían
que subirlo por la cintura y
amarrarlo con el cinturón.
Mi hermana Rosemarie, me llevaba
siete años
y era más
grande en tamaño.Como
yo era tan pequeñita,
yo no podía
usar la ropa de ella. La
única
vez que recibíamos
un regalo, era en el cumpleaño
y las navidades. Mamá
siempre nos decía
que eramos demasiados para estar
celebrando y que deberíamos
estar agradecidos por lo que teníamos.
Papá
hacía
lo mejor que podía
para proveer por nosotros. El
tenía
diabetes y se estaba poniendo de
mal en peor cada día.
El trabajo que el tenía,
lo estaba cansando mucho. En fin
Papá
tuvo que dejar el trabajo . Mamá
entonces tenía
que ir a trabajar,
limpiando oficinas de noche en
el edificio Rockefeller Center.
Si mamá
antes estaba siempre de mal
humor, era más
peor ahora. La salud de mi papá
era crítico,
y mamá
se pasaba el día
lavando, limpiando, y cocinando
para nosotros, para luego ir de
noche a su trabajo. Ya las cosas
en nuestro hogar no eran como
antes. Mi papá,
antes siempre tenía
una sonrisa en sus labios y los
ojos alegres. Ya no! Teníamos
dificultades económicos
y no podíamos
ir a los lugares como antes, o
tampoco a la casa de mi tía.
Papá
murió
en el año
1949 de complicaciones de la
diabetes. Se llevó
sus restos mortales al funeral
de St. Lawrence que estaba en el
numero 1985 de la avenida
tercera. Fue una situación
muy traumática
para toda la familia. Era tan
estraño
de ver a papá
tan quieto en el ataud. Cuanto
estrañaba
a mi papa. Yo era la menor de la
familia, su pequeñita.
Todo estaba cambiando en
nuestras vidas, el edificio,y el
vecindario. Papá
era el centro de nuestra vida y
estaba muerto, y con el se
fueron los buenos tiempos. Así
tan loco como aparentemente
parecía
viviendo todos nosotros en ese
apartamento tan congestionado,
del numero 1791 de la avenida
Lexington, sin embargo eramos
una familia, tanto en los buenos
como en los malos tiempos.
Luchamos, peleamos y
sobrevivimos, amándonos
más
fuerte cada día.
Cada uno de nosotros, nos hemos
casado, dejando el Barrio para
un futuro mejor, como muchos
antes de nosotros habían
hecho. Barney, el mayor fué
el primero para irse. El ingresó
en las fuerzas aéreas.
Luego se casó
con Delia y tuvieron tres hijos.
El se retiró
de las fuerzas aéreas
en la posición
de sargento instructor. Mi
hermano Lawrence fué
el próximo
para irse. Se casó
con Brunilda y tuvieron dos
Hijos. Lawrence se puso grave de
salud y murió
a la edad temprana de 41 años.
En 1955, mi hermano Arnold se
casó
con Luisa, la muchacha de quién
el se enamoró
cuando fué
a Port Monmouth, donde el
Ministro Wilson lo mandó
junto con mis otros hermanos
Daniel y Micheal. Arnold murió
en 1998 a la edad de 62 años
de cancer. El trabajaba en el
New York Times, como asistente
editor de la sección
de las mapas. El y Luisa
tuvieron dos hijos. Rosemarie mi
hermana murió
en el año
1987 a la edad de 52 años
a consecuencia de tener un
infarto. Ella tuvo sus hijos y
vivió
en Yonkers. Mi hermano Daniel,
llegó
a ser un ministro protestante.
El murió
a la edad de 62 años.
El y su esposa Ester tuvieron
dos hijos. Micheal, mi otro
hermano murió
a la edad de 67 años
de complicaciones de la
diabetes. Los
únicos
que quedan ahora de los siete
hijos de mi papá,
es el mayor y la menor.
Cuandoquiera que la familia se
juntaba, sea en dias de fiesta,
la boda de unos de los hijos, o
en un funeral de un ser querido,
siempre recordamos y revivimos
los días
de nuestra juventud. Todos
hablabamos a la misma vez,
riendo tan fuerte,de las cosas
tontas y absurdas que se hacían
en el viejo vecindario. Eran los
mismos cuentos que se repetían
cada vez que nos juntamos, pero
cuando se contaban eran tan vivo
como el día
que habían
pasado. La risa era tan
contagiosa.
Éramos un grupo
alborotoso. Cuanto deseo teníamos
nosotros, que nuestros hijos
apreciaren esas historias, para
que las pudiesen pasar a sus
hijos. Pero como puede uno
recordar,lo que uno no ha vivido?
Las memorias solamente son vivos
a los que lo han experimentado.
Hay un silencio profundo ahora.
Se han acabado las risas. Mi
hermano Barney vive en
Pennsylvania y yo vivo en New
Jersey. Nos communicamos por el
teléfono.
Nostálgia
y soledad siento para aquellos
tiempos de cuando la familia
estaba juntos. Me llenan los
ojos de lágrimas.
Todo esto es muy traumático.
Creo que esto es lo que pasa,
cuando uno se pone sentimental,
or en realidad es que me estoy
poniendo vieja.
Yo sé
que jamás
podré
hacer venir el pasado, anhelando
por el, pero por lo menos
por ahora puedo revivir esas
memorias tan inolvidables de papá
y el viejo vecindario.